martes, 11 de febrero de 2014

Deseos de confesar...

                                                                                                  El Silencio Escrito
                    
¿Qué es lo que nos hace tan débiles y cobardes?

¿Por qué te necesito si aún no toqué tu mejilla?

Pediría conocerte mil veces, intentaría que tu mirada se clave en la mía, y que tus labios y mis labios sean uno para el resto de nuestras vidas.

Quisiera pasear agarrado de tu mano a la luz de un nuevo día, y sin ningún temor, disfrutar de la vida.

Cuando tienes frío, cuando tiemblas, cuando piensas sin saber, cuando no sabes qué pensar, cuando en cada momento surges de las nubes.

Allí estaré esperando ese lindo momento, en el cual tu belleza será infinitamente eterna para mí. El amor nace como un granito de arena y fluye como las olas en el mar.

Vuelvo a despertar una vez más sobre la cama, con las sábanas húmedas de mi llanto, agarrado a ese pañuelo de seda que tantas veces llevaste con ese dulce aroma que se fundía en tu cuello, y no estás, te desvaneciste entre mis brazos, sin poder evitarlo, cada noche, a la misma hora despierto oyendo las largas campanadas del reloj anunciando la hora de tu muerte, amándote aún cada día más...